La importancia de la mediación familiar ante los nuevos cambios de paradigmas.

En el marco del proyecto Europarent, Systeme in Bewegung e. V., Winsen, (Germany),en el que participan entidades de Grecia, Bulgaria, España y Austria estamos reflexionando muy profundamente sobre los problemas de las nuevas familias europeas y la profesionalización que necesitan las instituciones y profesionales que trabajan con lasa familias,  para proporcionar la ayuda adecuada.

Creemos  que «Europa funciona mejor a pequeña escala», y es por eso que este escalón debe cuidarse con extraordinario cuidado.

En este artículo nos hemos permitido reflexionar si la adaptación a las nuevas relaciones familiares que se atisban tras el COVID19 necesitará una defensa aún mayor de la mediación familiar y del apoyo a las familias. ¿Sabrán los padres adaptarse a esta nueva digitalización de las relaciones?, ¿a los nuevos modelos de Escuela y ocio?, ¿Hemos de estar preparados para solventar los conflictos sociales del futuro?.

La mediación familiar es un proceso que tiene por objeto hacer que los padres trabajen juntos para llegar a acuerdos en situaciones de conflicto, con miras a reorganizar las relaciones familiares, teniendo en cuenta todos los sistemas que intervienen en la dinámica.

El conflicto, que forma parte de las relaciones humanas, entraña una dinámica relacional caracterizada por la incapacidad para comunicarse, la dificultad para descentralizarse desde el propio punto de vista y la dificultad para evolucionar y salir de la situación de estancamiento en que se encuentra uno durante una separación o cualquier otro contexto de conflicto familiar.

Si por un lado hay separación, conflicto y desapego, lo que parece más importante es la voluntad de establecer un diálogo sobre los niños, empujando a los padres a tomar decisiones comunes sobre ellos, apoyando la paternidad conjunta, es decir, una forma de ser padres juntos, con el objetivo de aliarse para evaluar y tomar las mejores decisiones para el futuro de sus hijos.

Por lo tanto, las cuestiones que deben abordarse necesariamente en la mediación se refieren a la reunificación (como padres), el vínculo, la pertenencia. Son las reflexiones que se hacen a los cónyuges que participan en la mediación, a los que se ayuda por sí mismos para lo que comúnmente se denomina "cambio", pero que se convierte en un aspecto fundamental en la mediación. El "cambio" se define como una nueva forma de pensar, de tomar decisiones y de ser hacia el otro y hacia sus hijos. El cambio surge como un aspecto inevitable de la condición humana, ya que todas nuestras células están en constante cambio, así como nuestras conexiones cerebrales, lo que puede llevar a cambiar nuestra forma de pensar y por lo tanto de actuar.

Por consiguiente, el proceso de mediación incluye los siguientes objetivos: la reducción de los conflictos (en los que es fundamental la conciencia de las responsabilidades recíprocas), el logro de acuerdos relativos a la gestión de los posibles hijos, el logro de acuerdos económicos, la reorganización de las relaciones familiares y el desarrollo y aumento de la coparentalidad. Todos estos objetivos han sido interconectados.

Para los padres, es muy importante el objetivo de liberar a sus hijos de su alto conflicto, es decir, evitar involucrarlos en sus conflictos. La motivación hacia el bienestar y la mayor estabilidad de los niños debe permitirles dejar de lado sus dificultades y centrarse en sus hijos, a fin de alcanzar mejor acuerdos constructivos y económicos de diversa índole. Ambas figuras parentales experimentan una evolución durante el proceso de mediación: de adversarios, como es normal al principio del proceso, se convierten en aliados, hacia la consecución de acuerdos concretos y constructivos para sus hijos.

El éxito de la mediación depende en gran medida del profesionalismo del operador que se hace cargo de la pareja en cuestión. El mediador no se dedica a la psicoterapia, al asesoramiento jurídico ni al arbitraje; si inicia una mediación, no es un consejero familiar. Sus tareas no incluyen la perspectiva de la conciliación y por esta razón no necesita investigar las causas que llevaron a la pareja al conflicto.

El mediador familiar trabaja para que aprendamos a manejar el conflicto natural de manera equilibrada, positiva, empática, en un momento dramático para la pareja; lleno de estrés y ansiedad, lleno de dudas e inseguridades. Con frecuencia, los acontecimientos desagradables que se desarrollan en torno a la separación y el conflicto pueden superarse a través del mediador familiar: éste está preparado para evitar las consecuencias de un acontecimiento que, si se experimenta y gestiona negativamente, puede tener consecuencias traumáticas y trágicas, especialmente para los sujetos más débiles, como los niños, a menudo olvidados porque sus padres están ocupados discutiendo entre ellos.

De esta manera entendemos la importancia de esta figura profesional, que puede establecer una relación confidencial, sincera, verdadera y positiva con los interesados y les ayuda a recuperar sus habilidades de comunicación reprimidas u olvidadas. Fomenta el análisis de las razones de la discordia entre los cónyuges y les permite liberar el conflicto no reprimiéndolo, sino permitiendo a la pareja redescubrir una nueva honestidad y transparencia.

Autora: Francisca Carbone.

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